Hace tiempo que tenía que escribir este artículo, cada vez que leo un artículo sobre el bilingüismo en los niños pienso tengo que escribir este artículo. Así que aquí está.

un cuento todas las noches

un cuento todas las noches

Mis padres me educaron en dos idiomas, el suyo propio y él del país en él que nos encontrábamos. Mis hermanas y yo crecimos siendo bilingues y a nuestros hijos los hemos educado también en dos idiomas (al menos).

La mayoría de los artículos que leo en la prensa especializada en educación infantil plantean el bilingüismo como un reto dificil de llevar y que puede ocasionar al niño dislexia, tartamudeo…

Pues en mi familia es lo más natural del mundo desde hace dos generaciones y esa es la experiencia que quiero relatar aquí.

Cuando nos embarazamos, mi esposa y yo decidimos que educaríamos a nuestra hija en español, su idioma natal, y en francés, el mío. Así que desde el principio del embarazo yo le hablo a mi hija en francés y mi esposa en español. Cuando Abril comenzó a responder, con apenas unos meses, ya lo hacía a los dos idiomas por igual. Podías decirle “¿dónde está la pelota?” en cualquiera de los dos idiomas que ella la buscaba con la mirada.

Conforme adquiría más vocabulario en un idioma lo adquiría también en el otro, aunque no siempre los mismos términos, y así con un año y medio Abril prefería decir cochon aunque sabía decir cerdo y señalaba con el dedo entusiasmada: mariposa, secuenciando las sílabas como Pocoyo, pero también sabía decir papillon.

Cuando en la guardería nos dijeron que le iban a enseñar las partes del cuerpo humano Abril ya reconocía muchas de ellas en francés y español. No las pronunciaba pero si le preguntabas por su mano, sus dedos, su codo, su pelo o sus ojos te lo señalaba. Sabía más partes del cuerpo en francés que en español pero eso era normal porque soy yo quien la bañaba y aprovechaba ese momento para enseñarle como se llama cada parte de su cuerpo.

Lo importante es hablar con naturalidad y corrección. De la misma forma que un niño educado en un sólo idioma es mejor decirle “un perro” que “un wau wau” a un niño bilingüe podemos darle más oportunidad cuanto más completas son nuestras frases pero siempre respetando su etapa de aprendizaje. No vayamos a soltarle un discurso cada vez que pregunta por algo.

¿Diferencian los idiomas?

Esa es la pregunta que más nos hace la gente, ¿Cómo sabe Abril distinguir los dos idiomas? y yo siempre les contesto lo mismo: No le hace falta, ya lo hará.

Idioma es un concepto de adultos, pensamos que hay que aislar todo lo francés y todo lo español para que los niños puedan diferenciarlo pero, ¿para qué? Mi hija no necesita saber qué es un idioma, poco a poco ha ido descubriendo que a Papá hay que pedirle las cosas s’il te plait y a Mamá por favor.

Un día de paseo le señalé a mi pequeña regarde chérie, un papillon y ella después de un oh maravillado miró a su madre y le dijo es una mariposa, mamá. Nos reimos los dos, Abril tenía dos años y ya había aprendido por si misma que Papá y Mamá hablan de forma distinta.

¿Y si te habla en el “otro” idioma?

Esa es otra pregunta muy habitual, como reaccionamos si Abril nos habla o nos contesta en un idioma cuando le hablamos en otro. Volvemos a lo mismo, no son compartimentos estancos. Abril ve que Mamá y yo hablamos entre nosotros en español, que yo hablo con los abuelos en francés. Ella tiene ya tres años y elabora frases complejas en las que se mezclan a veces las dos lenguas: ¿dónde está le cochon, papá?

Desde que comenzó a hablar nosotros le hemos contestado a sus preguntas, fueran estas en español o en francés. Cuando Abril señala algo y lo nombra, si lo hace en español y está conmigo yo le digo que sí (reafirmo su conocimiento) y añado el nombre en francés.

De la misma forma, todas las noches leemos un cuento. No importa si está en español o en francés, si lo cuenta Mamá lo hará en francés, si lo cuento yo lo haré en español y eso es algo que nuestra hija ve con naturalidad.

Naturalidad

Lo que nosotros hacemos por nuestra hija es especial, pero no es único ni es dificil ni entraña dificultades para su aprendizaje. Todo lo contrario y cuando en su guardería comenzaron con el inglés nos comentaron que Abril, desde el principio, pronunciaba perfectamente este nuevo idioma.

Siempre me resultó curioso que en un país como el nuestro, dónde coexisten con naturalidad tantas lenguas, todavía haya expertos que se entretengan en advertir sobre los peligros de enseñar mal. Nuestro caso no es único, mi generación fuimos bilingues, algunos de mis sobrinos hablan tres y cuatro idiomas desde su más tierna infancia y el mayor sólo tiene 6 años.

Ahora un amigo mío espera un bebé. Él español, su esposa es china y en casa hablan en inglés. Estoy completamente seguro que su hijo/a crecerá con total naturalidad en esos tres idiomas sin que sus padres tengan que modificar sus hábitos conversacionales. Su pequeño/a oirá a sus abuelos hablarle y los entenderá sin que los mayores nos expliquemos como lo hace para entender dos idiomas tan distintos.