TuxOSX fuente Wikimedia

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Todo él que me conoce sabe que soy un fan de la tecnología y siempre he estado [y sigo] fascinado por las producciones de Apple. Es más, nunca he dudado en recomendarle a un amigo que se compre un producto de la manzana porque la verdad es que creo sinceramente que son grandes productos.

Sin embargo también tengo claro que yo nunca me compraré nada de Apple y la razón es muy sencilla.

Bueno, hago un paréntesis para decir lo obvio: Mi economía actual situaría una compra de Apple como un acto de locura injustificable. Mi esposa me mataría y con razón. Pero aunque esa puede ser la razón hoy no es la de mañana y no justifica el “nunca” del título.

 

Siempre fui un usuario de Windows y eso hace que aceptes ciertas limitaciones como insalvables:

  • Los programas de calidad son caros, mejor los descargas del emule,
  • Es necesario desfragmentar a menudo para que el ordenador marche,
  • el “pantallazo azul de la muerte” es algo inherente a la informática,
  • la búsqueda de aplicaciones y drivers es una odisea obligatoria,
  • los virus, troyanos y otras amenazas adquieren la normalidad de un asesinato en las visitas de Jessica Fletcher.

Así pues Apple siempre ha estado en el horizonte como una tierra dónde las aplicaciones encajan a la perfección, dónde los únicos virus son los que puedes pillar si alguien estornuda sobre tu teclado y dónde el “hard” de la palabra Hardware adquiere una suavidad y belleza inusitada.

Pero llegó el día en que, harto de oir que debía gastarme más dinero en mi ordenador para que funcionara correctamente, decidí darle una segunda oportunidad a Linux, ese pingüino que había conocido años antes y que nunca terminó de encajar en mi vida.

Ese día descubrí que no es complicado tener un software adaptado a mi máquina (y no encajado a golpe de BSOD), que gratis no significa forzosamente mal producto o tener que ver tu navegador inflado con barras de herramientas pesadas e inútiles.

Pero también descubrí algo aún más importante: Y es que mi ordenador es mío y puedo instalar en él lo que me plazca o mejor dicho lo que me interese a mí y no debo depende de los intereses comerciales de ninguna gran empresa del sector.

Quien tiene un Apple tiene un gran ordenador, un estupendo móvil (pido perdón a los fanboys, pero al fin y al cabo es un teléfono) o un reproductor de música increíble. Pero también ha aceptado, voluntaria o tácitamente, entrar en el coto privado de Apple. Calidad a cambio de un control absoluto sobre tus aplicaciones y los contenidos que quieres para tu cacharro (perdón de nuevo a los fanboys por la expresión).

Desde siempre un producto Apple sólo ha conectado bien con otro producto de la misma casa. La tienda iTunes es el paso obligado para descargar aplicaciones y contenidos multimedia y lo único que han conseguido con los iPhone es llegar a más público que con los Macs.

Pues a mi, ese rollo no me va. Prefiero tener un ordenador libre y un movil que mole menos pero que pueda llevarlo a mi gusto y libremente.

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