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Este mediodía no he podido menos que exclamar un bufido al oir la última ocurrencia de una de nuestros políticos.
Ya que no podemos con la educación dediquémonos a reforzar la represión. Cualquier educador diría que ante la violencia en las aulas la solución está en reforzar la educación. Tal y como se muestra en el vídeo anterior nuestros hijos sólo repiten nuestros comportamientos.
Y no quiero con esto echarle la culpa a los padres solamente. ¿Como estamos llevando la democracia el autodenominado Primer Mundo a paises como Irak o Afganistán?
¿Acaso nos creemos que los niños no se dan cuenta de la cantidad de situaciones que los adultos resolvemos a través de la violencia?
Desde el taco que le soltamos al conductor que nos adelanta indebidamente por la carretera hasta el mal gesto que le dedicamos al que nos cabrea.
Mayor represión no dará a nuestros hijos más respeto por sus mayores pero si es posible que consiga más votos.
Cuenta una leyenda de Jaén que un hombre joven llevaba a su padre al asilo porque no podía seguir haciéndose cargo de él. Lo llevaba sobre su espalda, cuesta arriba, por el barrio de la magdalena en dirección al hospicio.
A llegar a la fuente, lo dejó sobre una peña y se acercó a beber agua cuando se giró para preguntarle a su padre si quería agua vio que éste lloraba.
- ¿Porque lloras padre? Ya lo hablamos, sabes que no puedo mantener más bocas en mi casa.
El padre le contestó entre lloros:
- Porque yo también paré en esta fuente y dejé a mi padre sobre esta peña camino del hospicio.
El hijo se acercó a su padre, le besó, lo cargó sobre su espalda y regresó con él de vuelta a su casa.
Bueno, pues se acabó mi primer año de conductor y mi querida “ele” que me acompañó todo este tiempo ya se ha bajado de la luna trasera.

A mucha gente le averguenza lleva la ele sin embargo yo le he encontrado más ventajas que inconvenientes:
En general podemos clasificar a los conductores en buenos conductores y malos conductores.
Los buenos conductores veian mi ele y tenían paciencia conmigo cuando aparcaba, cuando calaba al salir de un semáforo en cuesta y otros problemas habituales de los novatos al volante.
Incluso una vez se montó uno conmigo dejando el coche a un amigo para sacarme de un apuro. Y tan normal.
Los malos conductores veían mi ele y apretaban el acelerador. Daba igual que fuera en ciudad o en carretera, en cuanto veían mi ele salían disparados con lo que me los quitaba de encima rápido. Claro que de vez en cuando me procuraban un mal rato con adelantamientos peligrosos, por la derecha o en rotondas pero enseguida apretaban el acelerador así que mi consejo para todos los que aún llevais la ele y los que algún día esperais llevarla es que os mantengais a vuestra velocidad, que los gilipollas ya se encargarán de acelerar para perderos de vista.
Ahora sin mi ele soy un conductor más en la marea metálica que recorre calles y carreteras del planeta.


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