Esta es la carta de un hombre que tuvo que marchar de su tierra. Por la gracia que tenemos

Amor mío, cuánto esfuerzo me cuesta escribir estas palabras.
El destino, el destino de un tiempo ya viejo nos separa.
El destino es la inercia de la soga que ahoga, la piedra que entierra y que aplasta,
de la mano que apaga la aurora y nunca se cansa,
de la voz que te llama en la noche, detrás de una puerta
y te clava un momento en la duda de quién es uno.

Cuando falta tu luz, no es igual que la luz de la luna, el sol o la estrella,
me falto yo y me falta en la boca saliva, corazón y dientes.
Agoto la esperanza y la vida me lleva hacia la frontera.
Y es aquí que me veo cruzando los montes de Francia,
mientras lejos se queda mi tierra, mi gente, mi casa.
Y mis ojos con tanta amargura, que me avergüenzo.

Esta es la canción: ¡un, dos! Ustedes tienen sol,
grasia pa vivir, vino, playas y flamenco… …
sí, mucha grasia pa derramarla por las vendimias del Roselló.
¡Viva la grasia de Andalucía con pasaporte de emigración!

No es odio esta carta, que es de amor que se escribe con todos, se vive con todos.
Yo entiendo este amor como un puño sensible que mueve montañas.
Compañera, que por él los de abajo sufrieron el papel amargo
del que enciende la luz en la sombra y se ve tan solo,
cara al viento, al rayo y al trueno de la gran tormenta,
cara al tiempo, al cerrojo, al silencio y a lo que caiga.

Ahora sé que eres tú lo que mueve la vida del árbol en la primavera
lo que mueve la voz de los hombres cuando los hombres luchan y mueren.
No quiero acabar con tristeza ni hielo esta carta amarga.
Ahora sé que las nubes se alzan y canto este canto:
«Por mi boca ya asoman las flores que regó con llanto
en tu vientre amoroso este pueblo te ha embarazado.»

Esta es la canción: ¡un, dos! Ustedes tienen sol,
grasia pa vivir, vino, playas y flamenco… …
sí, mucha grasia pa derramarla por las vendimias del Roselló.
¡Viva la grasia de Andalucía con pasaporte de emigración!

Treinta años de democracia en Andalucía, total, ¿para qué? ¿Donde han ido? ¿Donde están esos miles de millones de euros de inversión en nuestra tierra? ¿Donde esta el esfuerzo de millones de andaluces? ¿Donde esta el fruto de nuestro trabajo?
No es la corrupción, o no solo ésta, no se equivoquen.

Es la ineptitud de los políticos, quizás no todos pero muchos.
Es el caciquismo de los empresarios, no todos pero muchos.
Es el corral en el que nos encierran los obispos, no todos pero muchos.
Es el andaluz que no vota porque no sirve para nada, él que no sale a manifestarse porque total, nada va a cambiar.

El próximo fin de semana vamos a votar. Hazme el favor de pensar menos en el fútbol y mas en el futuro de tu tierra, que es el tuyo propio y el de nuestros hijos.

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