Las otras caras de la emigración: Paloma y Carlos

Nuestra historia es la de una familia común. Mamá es abogada, tiene cuarenta años y como todos los profesionales liberales el simple hecho de estar dada de alta en la profesión le supone pago de impuestos, cuotas de mutua y otros gastos. Tenga o no ingresos. El 40% de sus ganancias parten en impuestos. Y en sus dos maternidades no ha tenido derecho a baja ni ayuda.
Papá es audioprotesista, pese a trabajar para la mayor empresa del sector tiene las mismas limitaciones que cualquier otro trabajador en España: un sueldo ajustado al mínimo, un contrato que exige más dedicación que el tiempo estipulado, unas horas extras que se presuponen pero ni se pagan ni se devuelven.
Completan la familia una preciosa niña de 3 años y un bebé nacido en la navidad del 2009.

recién llegados, camino del cole

recién llegados a Normandía, camino del cole

Nuestro hijo nace con graves problemas de salud. Sin embargo mi empresa no considera que yo tenga derecho a unas horas para llevarlo al médico. “¿para que está la madre?” es la frase que me suelta la responsable de recursos humanos cada vez que pido dos horas para el médico. Cuando lo hospitalizan, cosa frecuente, la empresa me descuenta los días de mis vacaciones.
Cuando mi hijo tiene un mes de vida recibo la carta de despido.

Soy el único trabajador de mi gabinete contra el que jamás se ha interpuesto denuncia, el único que no tiene expediente sancionador, el único que participa como voluntario en los proyectos solidarios de la empresa. Pero también soy el único al que se puede aplicar la nueva ley de despidos y mi indemnización es más baja que la de los demás y así me lo hacen saber al despedirme.

A partir de ahí comienza la carrera por conseguir nuevos empleos. Como suele ocurrir en España nos topamos continuamente con la tristemente famosa picaresca española:

  • una academia para oposiciones que cuesta una fortuna pero te manda el temario cosido de errores y sin actualizar. Reclamar jurídicamente cuesta una fortuna, está fuera de nuestras posibilidades.
  • empresas que te llaman pues el Servicio Andaluz de Empleo les ha dado tus datos y te ofrecen empleo a cambio de un año de prueba sin salario ni contrato. Tratas de denunciarlo al SAE y allí te dicen que no pueden hacer nada.

Un día me hice 900 kilómetros para acudir a una entrevista tras un primer encuentro por teléfono bastante prometedor. Pero en persona las condiciones esbozadas por teléfono se desvanecen. No hay contrato ni salario pero altas comisiones. No hay coche ni teléfono ni ordenador de empresa sino los míos propios. No hay publicidad ni medios a disposición para dar a conocer el producto salvo mis propios recursos.

El paro se va acabando y ninguno de los dos conseguimos un trabajo pese a dilatar cada vez más nuestra disponibilidad geográfica. Ya hacemos entrevistas en todo el país. Enviamos una docena de curriculums a la semana, sin cesar en el empeño.
Dejamos el piso donde estamos de alquiler y gastamos mi indemnización en reformar la casa de la abuela materna y nos instalamos allí. No sólo por nosotros. Mi suegra tiene alzheimer y vive sola. Así que ya somos una familia de cinco. Dos adultos y tres dependientes.

Entre medias nos timan con la reforma de la casa y entramos a juicio. Según el baremo legal con un subsidio de 500 euros para cuatro personas sobrepasamos los ingresos para pedir justicia gratuita o ayudas para la costosa alimentación de nuestro hijo (más de 200 euros al mes). Hay que seguir luchando.

Siendo los cuatro bilingües nos planteamos seriamente la emigración. Canadá es nuestra primera opción pero allí mamá no tiene posibilidad de trabajar pues el derecho canadiense es una mezcla de derecho romano con derecho anglosajón. Además está el tema del clima y de la integración: ¿como de sociables son los canadienses? Y que irnos a Canadá significa partir con lo imprescindible y quizás no volver en mucho tiempo.
Entonces mamá dice “¿porque no miramos en Francia? Siempre hemos dicho de instalarnos allí alguna vez.”
Abro el sitio web del servicio francés de empleo, Pôle Emploi, hay decenas de anuncios buscando audioprotesista en todo el país. Decidimos concentrar nuestros esfuerzos en la región que nos interesa. Envío mi CV a diez ofertas. Recibo la primera respuesta apenas un par de horas más tarde. 48 horas después me han contestado ocho candidaturas. Descarto tres que finalmente no se ajustan a lo que busco y hago cinco entrevistas telefónicas en la semana siguiente, y paso a la siguiente fase de selección en dos. Nuevas entrevistas telefónicas y de nuevo seleccionado. Esta vez me piden entrevista personal. Toca viajar a Francia.
¿Y como? si apenas llegamos a pagar nuestros gastos…
¿Y a quien le pides dinero si todo el mundo va muy ajustado? Entonces me acordé de una historia que leí en Reddit. Una pareja había sido estafada en la preparación de su boda. Los amigos se organizaron para pedir pequeñas cantidades de dinero y pagaron la boda.

Así que hice algo parecido: me puse en contacto con familiares y amigos y les expliqué nuestro proyecto. Les pedí que colaborarán con pequeños préstamos de 10, 20 ó 50 euros. Pequeños préstamos al alcance de todos y que también sería más fácil para nosotros devolverlo.

Como siempre ocurre es en los momentos difíciles donde cada cual se retrata. Amigos que apenas veíamos ya y amigos recientes a los que no quisimos pedir, se volcaron y aportaron dinero y muchos ánimos.
Amigos en paro no dudaron un segundo en deshacerse de un dinero que sin embargo les era muy necesario. En cambio personas muy cercanas a nosotros se deshicieron en excusas para no dar nada. Otros anunciaron que iban a colaborar, si, pero mañana, a ver si puedo… Y se olvidaron.
Mis hermanas se organizaron para ayudarme económica y logísticamente con el viaje, la estancia, preparar las entrevistas. Mi abuela me pagó un traje nuevo…

De las dos entrevistas, dos éxitos. Ambas empresas me quieren y cuando, tras reflexionar mucho, rechazo una, ésta no se rinde y me hace una contraoferta que vuelvo a rechazar cortésmente.

Y llega el momento de hacer las maletas. La empresa que me contrata nos busca casa, nos recomienda en el banco (no puedes abrir cuenta bancaria sin tener domicilio fijo) y nos paga parte de los gastos de instalación.

Todavía queda que nos tomen el pelo una última vez, esta vez con la mudanza. Los que se presentaron como “empresa de mudanzas internacionales” son en realidad unos espabilados que alquilan un furgón en el último momento y se pillan a un pobre sudamericano sin papeles como mozo de carga. De hecho dudamos de que tuvieran la documentación necesaria para transportar nuestras cosas hasta Francia. Llegan con un día de retraso, cosas rotas, cajas desaparecidas, muebles estropeados. Le pido factura pero no tiene nada para hacerlo y termina por poner en un papel lo que le pago.

Y a partir de ahí la integración, no siempre sencilla. No tenemos dificultades con el idioma pero si a hacernos con las formas: gestiones administrativas que no entendemos o encontrar en el supermercado los productos habituales.

La búsqueda de empleo para mamá resulta infructuosa y el paso por Pôle Emploi desastroso: tomándola por una inmigrante sin formación ninguna la meten en un curso de formación para extranjeros sin formación ni experiencia laboral. El trato del personal de la oficina de empleo es hasta despectivo.

Para papá las cosas se presentan mejor. La empresa está muy contenta con el empuje que le doy a mi nuevo gabinete. Mis pacientes están satisfechos y se convierten en mi mejor publicidad recomendándome a sus conocidos.

Para los niños la integración es desigual. Mientras la escuela maternal acoge con gusto al pequeño español de 2 años y medio, la escuela primaria rechaza de forma abrupta a nuestra hija. Son tres meses realmente penosos y muy duros para ella pero estamos obligados a permanecer en esa escuela hasta final de trimestre. Con la navidad los cambiamos a los dos de colegio.

Poco a poco vamos recuperando los hábitos de una familia normal. Vamos al dentista, organizamos las vacaciones, vamos al cine, al restaurante… Y por supuesto no nos olvidamos de ir devolviendo a los amigos lo prestado.

la historia de Paloma y Carlos aparece en mi blog para visualizar esta otra emigración de la que no hablan los medios ni los partidos políticos españoles.

Si tú también quieres contar aquí tu historia deja aquí un comentario y te contactaré.

5 comentarios en “Las otras caras de la emigración: Paloma y Carlos

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