La rentrée

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Hoy es el primer día de cole para nuestros peques. Una jornada emocionante, difícil porque cambia el idioma, el horario (clase por la mañana y por la tarde) y hasta el sistema educativo pero sobre todo emocionante porque significa entrar de lleno en sociedad. Aquí en el colegio empiezan sus primeras relaciones sociales estables, más allá de los contactos esporádicos en parques y actividades de verano. El comienzo ha sido prometedor, los niños ilusionados y nosotros, los padres, felices de verlos tomarse el cambio con tanta naturalidad.

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La princesa destronada

¿Porqué está sóla mi princesa?
Afortunadamente mi hija no es el niño de Delibes, quizás porque sus padres somos conscientes de que esa situación se puede reproducir fácilmente pero si es cierto que un bebé acapara mucho tiempo que antes recibía por entero mi pequeña princesa.

¿Juegas conmigo Papá? es una frase que mi hija nunca tuvo necesidad de pronunciar hasta la llegada del hermano. Pero Ariel llegó con los intestinos inmaduros, el famoso cólico del lactante, así que no pega ojo (ni sus padres por cierto) y Abril tiene que esperar muchas veces para poder recibir nuestra atención.

Pero no hay celos. Como en la foto que acompaña este texto, mi princesa espera pacientemente su turno. A veces nos pide que la cojamos en brazos cuando llevamos a su hermano o simplemente nos llama la atención con cualquier cosa: Papá, cuando vuelvas de trabajar jugaremos a cache-cache, vale?

Abril tuvo una infancia que su hermano no tendrá, la infancia del primer hijo, de la dedicación exclusiva de sus padres, el centro de la familia.
En cambio Ariel tiene la infancia del segundo, del que crece mirando a su hermana mayor, de la que imitará gestos y costumbres. Ni una es mejor que la otra, son momentos diferentes pero cambios difíciles a veces cuando tienes cuatro años y tienes que compartir tu reino con un principito.