Las otras caras de la emigración: Ana, Paco, Ainhoa, Noelia y Claudia

Somos un matrimonio con tres hijas, Ana 40, Paco 47, ainhoa 18, Noelia 13 y Claudia que acaba de cumplir 3 añitos, llevábamos tiempo manteniendo relación via skype con una familia española que vive en Le Havre, Alta Normandía, nos regalaban los oídos todo parecía un camino de rosas. Total que aquel 13 de marzo de 2014 cogimos un autocar con cuatro maletas y apenas 2000 euros que buenamente nos dio la familia, ninguno lloraba pero el nudo en la garganta ahí estaba.

playa de Le Havre

playa de Le Havre


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Las otras caras de la emigración: Paloma y Carlos

Nuestra historia es la de una familia común. Mamá es abogada, tiene cuarenta años y como todos los profesionales liberales el simple hecho de estar dada de alta en la profesión le supone pago de impuestos, cuotas de mutua y otros gastos. Tenga o no ingresos. El 40% de sus ganancias parten en impuestos. Y en sus dos maternidades no ha tenido derecho a baja ni ayuda.
Papá es audioprotesista, pese a trabajar para la mayor empresa del sector tiene las mismas limitaciones que cualquier otro trabajador en España: un sueldo ajustado al mínimo, un contrato que exige más dedicación que el tiempo estipulado, unas horas extras que se presuponen pero ni se pagan ni se devuelven.
Completan la familia una preciosa niña de 3 años y un bebé nacido en la navidad del 2009.

recién llegados, camino del cole

recién llegados a Normandía, camino del cole

Nuestro hijo nace con graves problemas de salud. Sin embargo mi empresa no considera que yo tenga derecho a unas horas para llevarlo al médico. “¿para que está la madre?” es la frase que me suelta la responsable de recursos humanos cada vez que pido dos horas para el médico. Cuando lo hospitalizan, cosa frecuente, la empresa me descuenta los días de mis vacaciones.
Cuando mi hijo tiene un mes de vida recibo la carta de despido. Sigue leyendo

Un livre en attente d’un lecteur sans moyens

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“Livre en attente”, o libro a la espera, es una preciosa iniciativa de la librería L’oiseau-Lire, en nuestra ciudad.

Primero llegó el café a la espera, ese café que podías dejar pagado por adelantado y que iría destinado a quien no pudiera permitírselo. Después fue el bocadillo a la espera, el almuerzo a la espera.

L’oiseau-Lire ha tenido la idea de hacerlo extensivo a los libros y con ese motivo, invita a sus clientes a dejar un euro o dos para que aquellos lectores que no puedan permitírselo tengan la oportunidad de llevarse un libro que hemos pagado el resto de lectores.

En unos tiempos en los que la educación y la lectura están infravalorados, son despreciados, me parece un gesto hermoso y a imitar.

La diferencia entre formación, educación, valor y estupidez

Me ha asqueado bastante la hipocresía con la que algunos amigos están compartiendo la siguiente foto en las redes sociales.
ellos se quedan, ellos se van
No señores, no sean tan estupidos como para pensar que todo el que se va tiene una carrera.
No sean tan imbéciles de compartir esa foto si aun residen en España.
No sean tan fascistas de considerar que porqué los de arriba son jovenes y visten de esa guisa son chusma.

Y recuerden que entre los que se quedan están éstos pero tambien éstos. Y que puestos a juzgar por las apariencias, también recuerden que Karadzic tiene una licenciatura y que algunos de los que compartís esta foto alegremente no tenéis estudios superiores.

La formación y la educación son cosas distintas y quien no las diferencia debería abrir un libro de vez en cuando.

¿Tanto cuesta dar ánimos?


En los últimos días he tenido un par de conversaciones que me han preocupado seriamente. En ambos casos fueron conversaciones con personas que están pasando por dificultades, ellas no se conocen entre sí, pero aún así encaran el futuro con valentía. Por supuesto les di ánimos y les desee fuerza para encarar sus proyectos, lo normal, no? Mi familia también está embarcada en un gran proyecto de vida y a nuestro alrededor son todo ánimos y esperanzas.

Pues parece que no es así porque sus respuestas a mis ánimos coincidieron en el pesar:

No estoy acostumbrado a que me den ánimos…

Cuando le cuento a la gente mis planes [para salir adelante] me dicen que ni se me ocurra, que será peor…

Que esto es una crisis de un tamaño descomunal,
Que todos lo estemos pasando mal,
Que haya más noticias malas que noticias buenas,
Que el futuro pinte negro y un largo etcétera no es óbice para dejar de sonreir y sobre todo no es motivo para desanimar a las personas a las que queremos y apreciamos.

Existen dos tipos de personas. Las que abren su propio camino y hacen historia y las que esperan a leerla en un libro. Estas últimas llegarán al final de sus vidas y entonces lamentarán no haber tenido la oportunidad de hacer lo que hubieran querido cuando en realidad siempre tuvieron a su alcance este camino.

No debemos dejar que nuestra propia tristeza nos invada y sobre todo, invada a las personas que tenemos a nuestro alrededor. Si un amigo, un hermano o un simple conocido te cuenta su sueño, su proyecto de vida, ¿Quien eres tú para negarle esa posibilidad? ¿Acaso conoces el fin de todos los caminos y por eso sabes lo que nadie sabe?

Seamos un poco más positivos, y sobre todo, seamos todos un poco más asertivos y todos saldremos adelante.