Nunca fuimos Europeos (versión extendida)

¿Te gustaría volver a España?

Me encantaría.

¿Crees que alguna vez volverás a España?

Me parece dificil.

O nunca me lo contaron o yo no me di cuenta. Se vive tan bien en España… Pero cuando sales de la piel de toro empiezas a descubrir cosas y a preguntarte porque demonios todo esto no ha llegado a España. Te preguntas tantas cosas…

Vengo de un país en el que el salario mínimo, 645.30€ este año 2013,  es responsable en buena parte del hundimiento en la miseria de muchas familias.
Vivo en un país en el que el salario mínimo, 1430.22€ este año, permite a cualquier ciudadano la dignidad mínima.

Vengo de un país dónde la cultura empresarial ve al trabajador como un gasto y no como una inversión.
Vivo en un país donde toda empresa de más de 50 empleados tiene la obligación por ley de revertir parte de sus beneficios entre sus empleados.
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El padre invisible

7 de abril de 2006, 8 y 10 de la mañanaLa primera vez que entré al maternal me llamó la atención un cartel que reivindicaba la participación del padre en el el embarazo, nacimiento y crianza de los hijos. Me gustó, la verdad.

Años después yo era el padre de la criatura que llevaba apenas tres meses cociéndose en el vientre de su madre y entraba en el maternal con la sana intención de participar en todo el proceso de embarazo. Iluso.
-¿Que edad tiene el padre? Le preguntó el médico a mi mujer.
-34.- Contesté yo.
– ¿Antecedentes de enfermedades congénitas en la familia del padre?- Volvió a preguntarle el médico a la madre de la criatura.
– Ninguno.- Le contesté y luego, mirando a mi mujer:
– ¿Te has dado cuenta, cariño? Soy invisible.- Codazo de mi mujer, ningún comentario del médico.
Se sucedieron las preguntas. El doctor no me miró ni se dirigió a mi en ningún momento. Llegó el momento de la ecografía y el médico corrió la cortina en mis narices.
– ¿Cariño?- Dijo mi mujer. Yo corrí la cortina de nuevo y le di la mano a mi esposa.
– Estoy aquí. Es que soy invisible.-

Ese fue sólo el comienzo. Las clases de preparación al parto son [todas] en horario laboral y aunque los matrones y matronas animan a las embarazadas a venir con sus parejas ya me contareis quien trabaja en una empresa que le de dos horas semanales por tal motivo.

También nos suscribimos a varias revistas sobre embarazo & bebés. ¡Anda! Un especial “papás”, mira tú yo creía que los padres estábamos siempre ahi pero no, tienes que esperar a un número especial “Día del padre” para que las revistas se acuerden de nosotros.

Llegó el gran día y me toca esperar cuatro horas en la sala de espera mientras la madre me espera en monitores las mismas cuatro horas.
– ¿Dónde se habrá metido?- Pensaba ella. -Estoy esperando a mi esposo.-
-¿Porqué no me dejan entrar?- Me quejaba yo.
– Nadie ha preguntado por usted.- Le decían a mi mujer.
– No puede entrar hasta que no le autoricen.- Me decían a mi.

Finalmente entré y fui detenido por una marea de batas. Me identifiqué y la que luego resultó la matrona de mi mujer me dijo: “Claro que puede pasar. Es que nadie me informó de su presencia.”

La realidad es que los padres, aunque queramos participar en el embarazo, en el parto y en la crianza de nuestros hijos, estamos en una sociedad machista que ha desarrollado protocolos para embarazadas y no para “parejas embarazadas”.

Las salas de espera están llenas de embarazadas con sus madres o suegras.
La entrada y salida de las guarderías están llenas de madres y abuelos.

¿Cuantos de esos padres faltan porque no quieren ir y cuantos porque no tienen la oportunidad de ir?

¿Cuando se dará cuenta la sociedad y los estamentos políticos, médicos y laborales que no es suficiente con decir que el papel del padre es importante sino que hay que darle la oportunidad de estar con la madre y con su hijo?