Aunque seamos padres, seguimos siendo hijos


Cuenta una leyenda de Jaén que un hombre joven llevaba a su padre al asilo porque no podía seguir haciéndose cargo de él. Lo llevaba sobre su espalda, cuesta arriba, por el barrio de la magdalena en dirección al hospicio.
A llegar a la fuente, lo dejó sobre una peña y se acercó a beber agua cuando se giró para preguntarle a su padre si quería agua vio que éste lloraba.
– ¿Porque lloras padre? Ya lo hablamos, sabes que no puedo mantener más bocas en mi casa.
El padre le contestó entre lloros:
– Porque yo también paré en esta fuente y dejé a mi padre sobre esta peña camino del hospicio.

El hijo se acercó a su padre, le besó, lo cargó sobre su espalda y regresó con él de vuelta a su casa.