Mi Grimorio

Mientras decido que hacer con mis obras, iré abriendo mi grimorio, desvelando en este blog que me motiva a escribir y como surge la magia de mis manos.

 

Todos mis relatos tienen un motivo distinto para nacer, eso está claro. Sin embargo coinciden en varias cosas, creo que nunca me he sentado y he dicho “hoy voy a escribir un nuevo relato”, todos vienen motivados por algo. Un movimiento, una palabra o un paisaje me ha llamado la atención, y mi mente ha recreado para mi una realidad alternativa y he empezado a escribir. He visto magos recorrer el mismo camino por el que yo ascendía, pueblos revivir donde mis ojos sólo veían ruinas y anocheceres que traían la desolación.
Entonces agarro mi pluma y mi libreta y con mis trazos atrapo la magia que fluye de mi mente y se extiende a mi alrededor. Estos esbozos son a veces historia en si mismas, otras veces las fundo en mis novelas naciendo así nuevos capítulos, llevando más allá la historia original.
Ocurre también a veces que la magia no es suficiente y lo que relato se queda dormido en mi libreta a la espera de que otro momento de magia lo enlace para completar el hechizo. He tenido y tengo todavía, algunos relatos sin terminar. En mi mente el hechizo es completo y tengo toda la historia. De todas mis obras no hay ninguna que no tenga terminada. Incluso aquellas que comencé a escribir hace más de veinte años y aún no he completado sobre el papel.

Pero eso no me basta para escribir, necesito ese momento de magia en el que mis dedos vuelan y mis ojos ven más allá de esta realidad. A veces con sólo un momento de quietud, contemplar un paisaje o escuchar una música especial consigo hacer de nuevo estallar la magia. Entonces mis manos vuelan, las letras se van dibujando sobre el papel y la danza de mi pluma consigue atraer más y más palabras.

A veces escribo sólo unas líneas y la magia se apaga, en otras ocasiones he llegado a escribir más de veinte páginas. Aunque casi siempre requiero releer para ponerme en situación hay veces que escribo sin más e incluso he llegado a escribir varios relatos simultáneamente pues me surgían ideas para unos y otros.

Aunque me disguste, con el paso del tiempo el ordenador ha ido desplazando a mi pluma y mi libreta. No por la novedad sino más por una cuestión de oportunidad. A principios de los noventa yo me pasaba más de sesenta horas semanales en el trabajo. Allí no podía llevar mi libreta. Normas de la empresa, me decían, nada de objetos personales, así que me acostumbré a escribir en el ordenador y guardarlo todo en un disquette. Pero en casa no tenía ordenador así que cuando el pequeño trozo de plástico que guardaba mi magia se estropeó lo perdí todo. Afortunadamente muchos de aquellos relatos los imprimí para regalarselos a Ake, mi único amor y también mi única lectora. Ella guardó todo lo que le mandé, gracias a los dioses aprecia mi arte. Si no fuera así poco tendría ahora.

Pero los campamentos scouts son sin duda los lugares donde más fácilmente he llamado la magia. El hecho de estar en contacto directo con la tierra, de no tener bajo los pies el asfalto y el cemento que todo lo cubre en las ciudades. La tierra, en el más ámplio sentido de la palabra, es lo que más me anima a escribir mientras que la ciudad, donde vamos a toda prisa corriendo del trabajo a casa y de casa al trabajo.

Y si no puedo tener la tierra entonces la recreo…

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de un comienzo a esta parte

Es extraño, hace dos años nisiquiera sabía lo que era un blog. Hoy en día escribo regularmente en varios de ellos. Pero ocurre a veces que la vida me sobrepasa y el deseo de mandar a más de uno al infierno, de rugir mi rabia sobre los montes y las colinas o de elevar sobre las cabezas de quienes me rodean la sonrisa de un niño invade todo mi ser y entonces…. Escribo.

Escribo, siempre lo he hecho. Para mi, para mis amigos, para mi novia, para los demás… Y así nació el primer Mapache. Un archivo en txt metido dentro de un disquete que me llevaba al trabajo y que escondía entre sus brazos mis reflexiones sobre la vida, la mía sobre todo y mis escritos, no pocos.

Fueron pasando los años y se fueron sucediendo los Mapaches…

El Tercer Mapache nunca fue,

… Hasta que llegó el octavo hermano y decidí que era hora de amanecer sobre mis tierras. Esto no es por tanto el comienzo del camino, es sólo el paisaje que se abre tras un recodo del abrupto sendero y descubrimos el valle, los árboles barridos por el viento que se arrastran en las laderas, las cascadas que se rien del tiempo y corren a esconderse en las lagunas.

Sólo es un amanecer sobre los nueve mapaches. Y como todos los amaneceres del mundo es tan único como hermoso.