Generando desechos

Solicité el envío de un “nearcom”, ese minúsculo aparato, mas pequeño que un capucho de bolígrafo, que aparece en la parte inferior de la fotografía. Venia en la cajita verde que a su vez reposaba sobre el manual de instrucciones (descargable de internet) y la gruesa placa de corcho gris. No hay nada mas.

¿Era realmente necesario tanto envoltorio?
Después nos preguntamos porqué generamos tanta basura.

Generando desechos

Un livre en attente d’un lecteur sans moyens

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“Livre en attente”, o libro a la espera, es una preciosa iniciativa de la librería L’oiseau-Lire, en nuestra ciudad.

Primero llegó el café a la espera, ese café que podías dejar pagado por adelantado y que iría destinado a quien no pudiera permitírselo. Después fue el bocadillo a la espera, el almuerzo a la espera.

L’oiseau-Lire ha tenido la idea de hacerlo extensivo a los libros y con ese motivo, invita a sus clientes a dejar un euro o dos para que aquellos lectores que no puedan permitírselo tengan la oportunidad de llevarse un libro que hemos pagado el resto de lectores.

En unos tiempos en los que la educación y la lectura están infravalorados, son despreciados, me parece un gesto hermoso y a imitar.

Esta es la carta de un hombre que tuvo que marchar de su tierra. Por la gracia que tenemos

Amor mío, cuánto esfuerzo me cuesta escribir estas palabras.
El destino, el destino de un tiempo ya viejo nos separa.
El destino es la inercia de la soga que ahoga, la piedra que entierra y que aplasta,
de la mano que apaga la aurora y nunca se cansa,
de la voz que te llama en la noche, detrás de una puerta
y te clava un momento en la duda de quién es uno.
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Profesionales baratos

Los diseñadores gráficos se suelen quejar, y con razón, del poco aprecio que hacen los clientes de su trabajo y como algunos les ningunean para conseguir una bajada de precio.

Pues a los audioprotesistas nos pasa lo mismo. De vez en cuando me encuentro con pacientes que después de haberlos recibido, estudiado su caso, debatido con ellos sus posibilidades protésicas, se dan una vuelta por internet o por farmacias y ortopedias y luego regresan a mi para discutirme mi presupuesto.

Con el último la conversación fue tal que así:

Monsieur .- Tengo un presupuesto cuyo montante no llega a la mitad que el suyo y vengo a pedirle explicaciones.

Yo.- Disculpe pero no le entiendo, ¿Porqué debería darle explicaciones sobre un presupuesto que no he hecho yo?

Monsieur .- Pues porque usted es más caro y son los mismo audífonos.

Yo.- ¿Y porqué son los mismos audífonos, caballero?

Monsieur .- Pues porque he visitado una página web, he rellenado un formulario con los audífonos que usted me había recomendado y…

Yo.- ¡Oh vaya! Así que no ha visitado a ningún audioprotesista, ¿No es así?

Monsieur .- No. Es una página web.

Yo.- Ningún profesional le ha atendido en su despacho como yo lo he hecho, ha estudiado su caso como yo lo he hecho, ha revisado la fisionomía de sus oídos y ha descartado patologías e incompatibilidades como yo lo he hecho, le ha explicado en que consiste una adaptación audioprotésica como yo lo he hecho, le ha explicado todas las posibilidades de prótesis auditivas que usted puede usar y le ha recomendado la que, según su criterio profesional, más le conviene como yo lo he hecho ¿No es así?

Monsieur .- No. Es una página web y he rellenado yo sólo mi presupuesto. Quiero saber porqué usted es más caro.

Yo.- La diferencia, señor, está en mi trabajo. Usted viene aquí y contrata un profesional. Mientras que en su página web usted compra un artículo. Pero éste es un país libre y tiene usted derecho a ir dónde le parezca. Si quiere adaptarse en mi centro, éste es mi presupuesto. Si quiere comprarse los audífonos en internet ya tiene usted su presupuesto.

Monsieur .- Pues no ha respondido a mi pregunta. ¿Porqué su presupuesto es más caro?

Yo.- No, caballero. Lo que no he hecho es darle la respuesta que usted quiere oír.

A continuación este señor empezó una larga charla sobre el comercio en internet, adaptarse a los tiempos. Con toda la amabilidad que me fue posible le interrumpí y le expliqué que el primer día que vino le dediqué una hora y media, que no le cobré, y ahora vamos por otra hora que tampoco le voy a cobrar pero que mi trabajo y mi tiempo, por si no lo ha entendido, cuesta dinero.

Una situación parecida la vivi en Jaén cuando dos días después de entregar un presupuesto una señora entró en mi gabinete hecha una furia porque en la farmacia de su pueblo vendía audífonos a un tercio del precio de mi presupuesto. Nos llamó estafadores y no se cortó en dedicarnos toda clase de insultos.

Seis meses después volvió para disculparse. Lo que le vendieron fueron “amplificadores” (para los no entendidos os diré que son audífonos que usan la tecnología de los audífonos que se fabricaban en 1950), para el servicio de adaptación y postventa debía llamar a un número de teléfono de Madrid, dejar un mensaje y ya la llamaban.

Obviamente nunca tuvo un profesional a su lado que le realizó todo el protocolo de adaptación, que le hizo un seguimiento y que procuro atajar los posibles problemas antes de que estos se produjeran. Nunca tuvo un servicio, y esa es la diferencia fundamental entre una buena adaptación y una adaptación barata.

Pues claro que hay audífonos más baratos que en un centro especializado. También te puedes comprar las gafas en un supermercado y los medicamentos por internet. Y luego hablaremos de la crisis y del paro, pero cuando ponemos echar abajo el trabajo de un profesional entonces le echamos la culpa al precio de su trabajo.